Revuelta feminista en Oriente Medio, a propósito de Mouvement de libération des femmes iraniennes, année zero

Por María Laura Ríos

Atraída una vez más por los archivos audiovisuales, hace poco me enteré que el Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir1 tenía entre su colección fílmica una película sobre el Movimiento de Liberación de las Mujeres en Irán. Se trata de Mouvement de libération des femmes iraniennes, année zero (1979), una película breve de casi 13 minutos realizada poco tiempo después de la revolución islámica en 1979. Esta cinta no sólo se caracteriza por ser un documento histórico de la época sino que también suscita otra mirada acerca de los más insistentes imaginarios occidentales sobre la figura de la mujer en regiones de tradición islámica. Ya durante los créditos iniciales, y antes de comenzar a ver las primeras imágenes del filme, llaman la atención los cánticos de protesta de una multitud de mujeres. Sin duda, las voces que preceden a las imágenes son enérgicas y su lema categórico: Muerte o libertad. Impresiona ver la fuerza conjunta de una proclama que además de exhortar al resto de la ciudadanía a reconocer el aporte fundamental de la lucha femenina a la revolución, expresa sin ambages que la libertad de las mujeres es un derecho irrenunciable. Una proclama con la que las mujeres iraníes reivindicarían su derecho a ocupar el espacio público como espacio sobre lo público, es decir, sobre lo político. Cuando finalmente la multitud irrumpe en el plano, y en las calles de Teherán, se desmonta ante nuestra mirada el primer imaginario. Porque lejos de presenciar un tumulto de mujeres con el velo, lo que en realidad vemos es que la mayoría de ellas tiene el pelo descubierto. Así, con los puños en alto en señal de resistencia, la cámara testimonia la potencia simbólica del gesto, un gesto insospechado que también desmantela algunos de nuestros imaginarios sobre la opresión femenina en el mundo islámico. Una opresión que en el fondo y en la forma continúa enmascarando con atuendos y prohibiciones las constantes ansiedades del androcentrismo frente la diferencia sexual que representa la mujer.

Sin embargo, el filme no sólo evidencia el temor a la diferencia que implica lo femenino para la masculinidad hegemónica, el filme también da lugar a la reimaginación. En ambos casos, el movimiento de mujeres iraníes libraría la batalla política y simbólica oponiéndose al chador2 y a todo lo que esa pieza de tela representa para ellas: la continua vigilancia sobre las normas de comportamiento y vestimenta en la vía pública, el tutelaje de maridos o padres para ejercer cualquier tipo de actividad laboral, el control absoluto de los hijos. Cuando algunas de las manifestantes expresan su deseo de ver a sus hijas sin la obligación de llevar el velo en realidad sueñan con la utopía de otro mundo posible. Ellas que están en el “aquí y ahora” del momento histórico ocupando las calles también proyectan y se proyectan hacia un futuro verdaderamente emancipador al grito de ¡Independencia, Libertad, República real!

Pero pongámonos otra vez en contexto. Durante la semana del 8 de marzo de 1979 un equipo de feministas francesas integradas por Sylvina Boissonnas, Michelle Muller, Sylviane Rey y Claudine Mulard se trasladarían a Irán para registrar y difundir la movilización de las iraníes en contra de los retrocesos y ataques en materia de derechos y libertades tras la Revolución Islámica. Sí, en Irán, un país que hacia fines de los años 70 era considerado uno de los territorios de Oriente Medio con políticas más progresistas para la mujer. Bastante antes de que la revolución y la instauración del régimen de los Ayatolás se impusieran, Irán ya contaba con una legislación pionera donde se había logrado, entre otras cosas, elevar la edad de las mujeres para casarse hasta los 18 años. Y no sólo eso
sino que la libertad de las iraníes también se había ampliado hasta alcanzar derechos tales como el divorcio y la custodia de los hijos tras la separación. Custodia que hasta ese entonces podía ejercerse sin el tutelaje de los ex maridos. No obstante, una de las mayores libertades de las que gozaban las mujeres iraníes era la de poder llevar el pelo descubierto. Un dato no menor teniendo en cuenta que tras la revolución se impuso definitivamente la obligatoriedad del chador.

Pero por otro lado, la referencia al año cero indicaría un momento fundacional para las mujeres iraníes. ¿La fecha escogida?, el 8 de marzo de 1979. Así lo señala una narración en off recordándonos la solidaridad y la internacionalidad del movimiento feminista. En su intento por superar la dicotomía entre oriente y occidente, el filme reivindica el día de la mujer como un día mundial de y para todas, tanto de las que se cubren con el velo como de las que no. Pero la película no sólo documentaría la protesta en contra del código de vestimenta impuesto, detrás del retorno al velo y de la exaltación de la identidad religiosa la revolución islámica también habría encubierto, una vez más, la construcción
divisoria de la realidad entre lo masculino y lo femenino. De lo femenino como alteridad, como lo negado, de la mujer como signo opuesto al hombre. En definitiva, féminas que por su “naturaleza” atentarían contra el orden divino, y por extensión contra el orden gubernamental de los hombres, sino fuera por la implementación de controles, leyes y prohibiciones que clausuraran cualquier tipo de aspiración emancipatoria de la mujer. Porque de lo contrario, al interior de la cultura islámica el cuerpo des-velado de las mujeres despertaría los más profundos temores sobre la occidentalización y la falta de subordinación patriarcal. En tal sentido, no es difícil imaginar la afrenta habría supuesto para la masculinidad imperante ser testigos de aquellos reclamos pues el movimiento de mujeres también había luchado para conquistar la libertad de su pueblo y la de sus propias vidas. Custodiada por un grupo de enfermeras, así lo explica una de ellas:

Cuando la revolución empezó, la nación entera luchó por el triunfo de la libertad contra el imperialismo americano y la dictadura. Hombres y mujeres estuvimos juntos en las calles para reclamar nuestras demandas, y las obtuvimos. Mientras estudiábamos en la facultad, hacíamos voluntariado en el hospital. Atendíamos a los heridos de forma gratuita. Después de eso, cuando el ejército y la guarnición se rindieron y la revolución triunfo, estuvimos en la calle. Cuando el Ayatolá Khomeini dijo No protesten más, no tomen las calles, regresamos a la facultad. Pero desde el jueves los clérigos nos han dado problemas. Así que hemos vuelto a las calles para decir no queremos el velo. Si eso es lo que ellos quieren para nosotras, él debería habérnoslo dicho antes de la revolución.

Pero el filme además de revelar el interés de las feministas francesas por el movimiento de mujeres iraníes también registraría el viaje de la activista norteamericana Kate Millett a Irán poco antes de ser deportada y acusada de islamofobia. El compromiso de Millett con la lucha feminista la convertiría en aliada y defensora de los derechos de la mujer en Irán, de quienes admiraría su número y nivel de organización para denunciar el sometimiento que sufrían a manos del nuevo gobierno de los Ayatolás. Como consecuencia de la marea de protestas, y del apoyo y visibilidad internacional de las feministas extranjeras, al poco tiempo Khomeini daría marcha atrás en la obligatoriedad del velo. Desde luego un gesto político necesario pero insuficiente para un amplio sector de la población femenina que exigía la paridad laboral y salarial real, el derecho a la libertad de prensa y expresión, y el derecho a la libertad de reunión. Habida cuenta de que la revolución islámica había dado la espalda a las mujeres, ellas también se la darían a todos aquellos que apoyaban el resurgimiento del fanatismo religioso a través de una sentada delante de la televisión de Teherán. Como era sabido por la mayoría, a los intentos de veladura del cuerpo femenino se sumaba el silenciamiento de medios como la televisión y la radio mediante la práctica de la censura. Esta falta de libertad de expresión llegaría incluso a ser denunciada por las propias trabajadoras de la televisión, mujeres a las que no se les permitía informar sobre el movimiento feminista que estaba tomando las calles por aquel entonces.

A estas alturas quedan pocas dudas sobre carácter masculino de la revolución, sobre todo cuando Khomeini exhortaba No protesten más, no tomen las calles, ¿estaba apelando al cese de las protestas del movimiento de mujeres?, ¿a qué estaba temiendo en realidad? Lo cierto es que parte de la respuesta provino de un sector de la población femenina que ya no estaba dispuesto a caer en antiguas fórmulas dicotómicas: ni oriente, ni occidente, la libertad es (y será) global.

Notas
1 El Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir es un archivo fílmico de producción
y difusión fundado en 1982 en París por Carole Roussopoulos, Delphine Seyrig
y Ioana Wieder
2 El chador es una prenda de calle femenina que consiste en una simple pieza de
tela que cubre todo el cuerpo salvo la cara.


Filmografía
Iranian Women’s Liberation Movement: Year Zero (Claudine Mulard ,1979)
https://vimeo.com/472173644

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