(Apuntes) hacia una crítica feminista de cine

(o una aproximación a dos términos que, al juntarse, aturden hasta a quien los enuncia).

Editorial de La rabia #01.

Estamos inscriptxs en un espacio geográfico en disputa permanente; América Latina es territorio de conquista y colonización, pero sabe encontrar los huecos de resistencia ante la violenta avanzada de un sistema mezquino. Tiempo y espacio nos atraviesan. La continua sensación de pender de un hilo y la necesidad imperiosa de escribir para comprendernos —y comprender a lxs otrxs— es parte de la rabia que nos moviliza. Inmersxs en una economía de permanente crisis, hurgamos entre palabras preguntándonos cómo se construyen las imágenes, cómo se crean los regímenes de representación y cómo está condicionado el pensamiento crítico. En segunda instancia, nos inquieta comprender cómo se dan los procesos sociales de significación y consumo, y el valor del cine en el consentimiento de formas culturales hegemónicas.  

Las escrituras críticas sobre cine —particularmente aquellas que se esbozan desde la disidencia— resultan también en un terreno de contiendas y, por ende, de resistencia(s). Al igual que es saqueado nuestro propio territorio latinoamericano por sus riquezas, las imágenes y los discursos de los feminismos intentan ser cooptados y comprados (cada píxel y cada trazo de tinta tienen un precio) por el Capital, que encuentra una posible rentabilidad en ellas. Ante este auge de la imagen-movimiento glitterizada como dispositivo de valor, la crítica feminista aún continúa siendo una labor precaria, que crece a pulmón desde los márgenes, teñida de incertidumbres y, en su mayoría, sin retribuciones económicas.

Cuestionarnos qué es la crítica nos supone un reto complejo, con una multiplicidad de conclusiones posibles. Nos posicionamos en la contradicción, para intentar diseccionarla, revertirla, pensando cómo nos interpela. Los feminismos pueden ser un prisma a través del cual ensayar nuevas formas de ver, ser, estar y sentir;  herramientas que permitan una apertura hacia otras perspectivas en ámbitos cinéfilos cuyas genealogías están conformadas por dinámicas viriles, estancas y binarias. Es por esto que nos resulta pertinente delimitar los espacios de acción que compartimos. 

Esbozamos la idea de una crítica feminista cuyo ejercicio parta de la comprensión del cine como una maquinaria de producción de sentidos, cuyos modos de fabricación también se imprimen en sus imágenes-productos. Que cuestione una lógica capitalista de depredación y extractivismo que convierte al cine en una industria siniestra y un pilar más para el sostenimiento del sistema. Que se resista al consumo exasperante de imágenes y que recuerde el poder de seducción de cuadros y secuencias manipuladas y reducidas a un placer pasajero. Una crítica feminista que estimule un desplazamiento en el abordaje de imágenes que no se conformen al consenso, que se interese por aquellas películas que transitan los bordes del campo perceptivo que permanecen borrosas en la Historia del cine.  

Una crítica de cine que reniegue de la lógica que tanto reduce la concepción del mundo contemporáneo en un binarismo determinante, que ordena la realidad en casillas o en moldes en forma de estatuillas y palmarés. Que deseche el amparo de la corrección política para sostenerse en nuevas configuraciones de lo que se ve, de lo que dice, de lo que se piensa, en un movimiento permanente de construcción y deconstrucción, donde el impulso provenga de preguntas y de intentos (fallidos o no) por contestar dichas interrogantes.  

Una crítica feminista que forme grietas en el discurso hegemónico donde el deseo tiene una sola forma, un solo color, y donde la felicidad está asociada a elecciones de una vida heterosexual (matrimonio, hijxs, etc.) Que rechace imágenes de la disidencia configuradas en función a la comedia o el castigo, o, peor, como respuesta a un porcentaje o cupo de inclusión requerido por una industria que muta sus pieles para camuflarse. Que se aleje de los mecanismos opresivos de clase, sexualidad, género y raza imbricados en el discurso de un cine normalizador. 

Una crítica que se mantenga alerta —muy alerta — y que desconfíe del rótulo “feminista” que se inscribe en una nueva ola de producciones audiovisuales que en su afán de (d)enunciar el presente, terminan por ser absorbidas por el sistema, deviniendo en hijas predilectas de una Industria cada vez más dispuesta a vaciar de sentido los contenidos políticos/ideológicos/militantes de luchas ajenas y adaptarlas a aquello que el sistema imperante necesita para sobrevivir. Y de estar allí, poder encontrar los espacios de negociación que devuelven dichas imágenes: no se trata de la cancelación por la cancelación misma, sino de ser críticas ante aquello que se presenta como parte de lo dado, inherente al sentido común. 

Una crítica feminista que sea, en palabras de Teresa de Lauretis, una “…actividad politica, teorica, auto-analiza­dora mediante la cual pueden ser rearticuladas las relaciones del sujeto con la realidad social a partir de la experiencia his­torica de las mujeres…” Una crítica que no pase por el tutelaje moralizante, sino por una pulsión vital de comprender no sólo el mundo en el que está inscriptx, sino también el pasado, sin intentar cambiar sus imágenes, sino acercarse a ellas para su diálogo-revisión-negociación.

Una crítica que no sea ajena al mundo y tampoco confíe en ciertas miradas que ponderan lo subjetivo, pretendiendo un discurso que deba suscribir a la perspectiva de quien lo escribe. Una crítica feminista que pretenda estudiar cómo el cine forja al mundo, y cómo el mundo se desdibuja dentro del cuadro y en el fuera de campo. Que pueda encontrar el equilibrio más acertado posible entre sujeto, objeto y marco desde donde enuncia. Una crítica feminista que opere en función de distinguir cómo crea sentido el lenguaje y cómo se constituyen los signos de una obra, pensando que en este ejercicio no se esconde un mensaje oculto de unx otrx, sino que subyacen indicios de nuestro tiempo. Una crítica de cine cuya respuesta frente a esta problemática sea, siempre: volver a las películas.

Una crítica feminista que proponga senderos alternativos hacia posibles nuevos cines feministas. 

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