El sillón rosa de Mutzenbacher (2022)

Por: Natalia Guzmán Guerrero (Colombia)

Historiadora y docente. Hace parte de La Partida
Feminista, una colectiva interesada en gestar espacios
de encuentro, reflexión y creación audiovisual para
imaginar nuevas maneras de hacer y pensarnos
como mujeres diversas y feministas. Ha participado
en varios Laboratorios de creación y exploración
audiovisual comunitaria junto con mujeres de Playa
renaciente en Cali, la localidad de Sumapaz y Ciudad
Bolívar en Bogotá. Fue una de las coordinadoras del
1er Encuentro Latinoamericano “Las que Graban:
mujeres, cine y audiovisual comunitario” realizado
en Ciudad Bolívar, Bogotá. Es co-creadora del
podcast El CLAP, en el cual se acerca al cine
colombiano contemporáneo desde una perspectiva
histórica.

Hombres de distintas edades son convocados a un casting para una película basada en la novela erótica de comienzos del siglo XX, Josefine Mutzenbacher, la historia de una prostituta vienesa.  La directora, Ruth Beckerman, ha preparado un set, que a modo de experimento, observa a los hombres leer en voz alta algunos fragmentos de la novela. El ejercicio de lectura trabaja el terreno para plantear cuestionamientos en torno a la sexualidad masculina; a pesar de nombrar vaginas, tetas o cuerpos suaves y curvados, los hombres caen en la trampa de hablar de sí mismos y sus acercamientos más profundos al placer propio y de sus compañerxs sexuales.  

Esta es una película que no tiene miedo a la complicidad entre varones, tampoco a la escucha de sus voces y los convenientes silencios. Evidencia la misoginia y aun así la puesta en escena de la masculinidad

   se va

des

ar

                man

do

Al hombre se le entrega la palabra,
Ah. ¡Qué sorpresa!
Sin embargo,
esta palabra se utiliza como dispositivo.
La palabra abre paso, 
evidencia, expone y desarma.

En un sillón rosa, como en práctica psicoanalítica, 
los hombres se disponen a hablar. 
Poco a poco se apartan de sus actuaciones 
a través de las preguntas de su directora-analista 
a quien nunca vemos pero escuchamos 

y se encarga de revelarlos. 

Como dicen por ahí «el medio es el mensaje». El fuera de campo es el mensaje:  es la mirada femenina la que confronta. La voz de la directora se antepone a su propia imagen. 

El poder se ejerce.
Pero no se ejerce de manera masculina,                         
se expone,
más no se somete.

Es a través de la palabra y los silencios, que se incomoda. El hombre lee para otro u otros, el hombre lee para sí mismo, o escucha a su compañero. La lectura en voz alta afecta. Quienes escuchamos o quienes leen nos incomodamos. La imagen de hombres leyendo en soledad o acompañados por otros, los enfrenta a sus propias voces. Y cuando comparten sofá con otros hombres no solo leen ante la cámara sino le leen a su compañero, le comparten su voz, sus palabras eróticas que a veces incomodan, excitan o alarman. Varias veces se encuentran en el pensamiento del otro, otras, se distancian por su época, y en otras, se encuentran a sí mismos, confundidos, vulnerables. 

Esta película abre las posibilidades para explorar la performatividad masculina desde quienes la ejercen, conocer los silencios y las dificultades para reconocer la otredad femenina. Desarmar o descomponer, fragmentar y exponer es el gran aporte de Mutzenbacher.

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