Una película en espiral ascendente, a propósito de «Tótem» de Lila Avilés


Por: Isabel Carrasco

«Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera». Este potente inicio de la novela Ana Karenina, de León Tolstói es una excusa para analizar Tótem, el segundo largometraje de la directora mexicana Lila Avilés.

La película es un conmovedor retrato de un día en la vida de una familia mientras prepara la fiesta de cumpleaños de Tonatiuh, uno de sus miembros, quien sufre una enfermedad terminal. La niñez está repleta de rituales que funcionan como dispositivos para ayudarnos a navegar el mundo adulto que observamos con distancia y cierta preocupación, pues intuimos que será inevitable.

En la secuencia inicial de Tótem, Sol, de unos 9 años, y su mamá están en un carro lleno de globos de colores a punto de cruzar por un paso deprimido. Sol le dice a su mamá que deben aguantar la respiración y pedir un deseo. El deseo de la niña es que su papá no muera. A partir de este momento, la película nos sumerge en el universo de una familia de clase media mexicana mientras prepara la celebración del cumpleaños de «Tona», el padre de Sol. La cámara presenta detalladamente a cada miembro de la familia: un abuelo poda con cuidado un bonsái, una tía habla por teléfono mientras espera que la tintura de pelo haga efecto, otra tía cura el dolor de oído a su hija con un remedio casero, una empleada atiende a un enfermo, y una niña pequeña juega a limpiar la parte de arriba de una refrigeradora.

La directora nos ofrece una mirada detallada a este universo matriarcal, con una puesta en escena donde muchas cosas suceden simultáneamente, tanto en la imagen como en el sonido, en distintas profundidades. El montaje nos lleva de manera delicada a cada personaje, invitándonos a ponernos en sus zapatos, a empatizar con ellos y con sus formas de enfrentar una celebración agridulce.

Tótem evoca las películas de Lucrecia Martel, no por imitarlas, sino como parte de una tradición que cuestiona los modelos narrativos impuestos. Para ciertas audiencias, la historia de la película podría parecer desordenada o menos eficiente, ya que ni la imagen ni el sonido se ajustan a las estructuras convencionales: Muchas cosas suceden al mismo tiempo; vemos el pasado de la familia a través de la decoración de la casa y de cómo se relacionan entre ellxs, así como de los tonos que utilizan para hablarse. Esta forma cinematográfica de contar nos muestra las peripecias de la existencia humana con todos sus conflictos, con contradicciones que se entrecruzan, no lineales y, en muchos casos, tampoco tan explícitas.

Otra película que vino a mi mente después de verla fue Este es mi reino, de Carlos Reygadas, cortometraje que forma parte de la conmemoración del centenario de la revolución mexicana. Aunque sus temas son distintos, encuentro similitud en la manera de narrar el tiempo cinematográfico. La clave, en este sentido, está en las palabras de una de las invitadas a la fiesta, quien, como homenaje al cumpleañero, nos habla sobre el origen de su nombre (Tonatiuh) y cómo las culturas mesoamericanas, y agregaría andinas también, concebían al tiempo como una espiral ascendente en la que nunca regresamos al mismo lugar, siempre estamos cambiando.

La historia se desenvuelve paulatinamente a partir del dolor que embarga a esta familia y sus estrategias para enfrentar la inminente muerte de Tona. Simultáneamente, la película rebosa vida con
la presencia de mascotas, insectos y árboles; la muerte se convierte en un proceso intrínseco a la naturaleza. En esta misma línea, se manifiesta la complejidad entre la fe y la ciencia. El abuelo, psicólogo de profesión, atiende a una paciente que está sufriendo, mientras que su hija Alejandra busca la ayuda de una curandera para «limpiar» la casa de malas vibras. Son temas profundos que cobran cercanía al tratarse de un relato que refleja también la exuberancia de la cultura barroca mexicana y latinoamericana.

En la secuencia final, el personaje de Sol, conmovedor y auténtico, comprende que su deseo inicial no se materializará. Nos mira como queriendo comunicarnos que algo en ella ha cambiado para siempre.

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