Por: Matilda Hague
El silencio abarca los primeros paisajes del corto de Aliha Thalien, Nos îles (2023). La atmósfera, cálida e inquietante, se instala. El sonido de las olas, el ronroneo de una moto y el canto de los pájaros guían nuestra llegada lánguida a la isla de Martinica. De repente aparecen unas chicas en la playa. Se toman una selfie. Explotan de risa.
Mientras subtitulaba el corto, no podía dejar de pensar en Regards de mémoires (2003), de Sarah Maldoror, corto que había traducido unos meses atrás. En ese cortometraje, Maldoror aborda las heridas profundas que han dejado el pasado colonial y la esclavitud a través de varias entrevistas. Al principio del corto, el autor martiniqués Édouard Glissant recorre el Fort de Joux, donde estuvo detenido Toussaint L’Ouverture, líder de la revolución haitiana. Con una voz oratoria que reverbera en las paredes de la cárcel, Glissant reflexiona sobre ese personaje icónico de la revolución y de la abolición de la esclavitud.
Es claro el deseo que tiene Maldoror de abordar la memoria de un pasado marcado por el colonialismo y la esclavitud mediante la poesía, y más precisamente, una poesía revolucionaria producida en Martinica. El corto termina con una entrevista a Aimé Césaire, con el Memorial Cabo 110 de tela de fondo.
En 1939, Césaire publicó «Cahier d’un retour au pays natal» donde denunciaba, a grandes rasgos, el racismo y llamaba a la revolución frente al yugo del colonialismo. Menciona a Toussaint L’Ouverture y su encarcelamiento en el Fort de Joux: ‘Lo que es mío también: una pequeña celda en el Jura’. Es uno de los textos fundamentales del movimiento de la Négritude, ya que Césaire apela a la solidaridad que debe germinar a partir de este pasado violento. Menciona el contexto estadounidense, por ejemplo: ‘Virginia. Tennessee. Georgia. Alabama. Monstruosas putrefacciones de revueltas inoperantes, pútridos pantanos de sangre’. Además, recurre mucho al paisaje para hablar de ese pasado: ‘No están cubiertas de nenúfares. En mi memoria hay lagunas. Mi memoria está rodeada de sangre. ¡Mi memoria está rodeada de cadáveres!’
En ese corto, Sarah Maldoror también entrevista a varios adolescentes en una escuela: les pregunta si podrían recitar un verso de Aimé Césaire. Ninguno puede. “No son cosas que estudiamos mucho”, menciona uno. Con ese gesto, parece que Maldoror quisiera poner en evidencia el hecho de que esa juventud martiniquense no estaba conectada con su pasado, que no les estaban dando las herramientas para mantener en vida esa memoria. En su entrevista con Maldoror, Césaire argumenta que la ‘tragedia del pueblo de Martinica’ está vinculada con un ‘desarraigo’, algo que él siempre ha sentido como una ‘agitación’.
Veinte años después, Thalien nos muestra que su generación no solamente es consciente del legado de la esclavitud y del colonialismo, se siente convocada por una inercia revolucionaria. Entre las selfies, y las risas, empiezan a deslizarse las lenguas: “¿Creen que tendremos nuestra independencia?” Se sientan todos en la playa, frente al horizonte. Una empieza a hablar de una roca y de su colisión con un barco. Es la historia detrás del Memorial Cabo 110, que aparece en ambos cortos. Está dedicado a las víctimas del naufragio de un barco negrero, el 8 de abril de 1830. Las estatuas blancas celebran los 150 años desde la abolición de la esclavitud. Colocados en triángulo (como el comercio), los quince bustos imponentes tienen la cabeza agachada y la espalda encorvada, como para señalar un duelo eterno. Sin quitar su mirada de la roca les dice: “Al parecer, allí había encallado un barco negrero. Así que cuando pasas cerca de la roca, la energía es un poco pesada.”
La solemnidad del corto de Sarah Maldoror se contrapone con las carcajadas grabadas por Aliha Thalien. Si el proyecto de Maldoror es que se pueda entender mejor el presente desde un pasado de desarraigo, aquí Aliha Thalien hace un registro de lo que su generación ha logrado plantar y ver florecer. Conscientes de su pasado y de las cicatrices de uno tan traumático, ¿Qué nuevos brotes han sido posibles a partir de ahí? Así como lo define Césaire, el pueblo martiniquense es como una planta desarraigada, en constante búsqueda de echar raíces. Esta nueva generación está orgullosa de su isla. Descendientes de movimientos como la Négritude, los esfuerzos de ese trabajo de memoria han permitido que ellos se apropien de su historia y que busquen, dentro de su contemporaneidad, las formas de apropiarse de sus raíces. El corto de Thalien ilustra el hecho de que los textos sí importan, y por lo tanto, permanecen vivas en el tiempo.